¿POR QUÉ DE LAS ESTRELLAS?

Los ciclos de la luna con sus fases y movimientos, así como las posiciones de los planetas y estrellas, forman en su conjunto un sistema cíclico en el que se produce un perfecto ajuste con los procesos vitales en los vegetales (viñedo) y de actividad en las distintas fases de elaboración de los vinos.
Quien sería capaz de negar la influencia o relación de la Luna en las mareas, los ciclos de fertilidad en las especies animales, los partos, la caza, la pesca... pero también: en la poda de la vid, en las fermentaciones o clarificaciones de los vinos.
Tradicionalmente se han utilizado las referencias del cosmos para configurar sus calendarios de trabajos, y ajustar estos a los mejores momentos de intervención. Ha sido mucho más recientemente que la agricultura industrial y la enología, reducida a la química, han desdeñado estos principios tachándolos de infundados.

 

Desde hace años trabajos experimentales demuestran la vinculación de los ritmos y ciclos de los astros con los procesos vitales. La viña inscribe su ciclo perfecta y estrechamente vinculado al cósmico; la brotación, floración, maduración... no suceden porque sí, sino que se ajustan a fases, periodos y posiciones precisas de la Luna y estrellas en el cosmos. De igual manera en la bodega, la elaboración de vinos y evolución posterior, no es indiferente al momento cósmico, si no que se ve estrechamente vinculado e influido.

Como viticultores y elaboradores artesanos elegimos los momentos acordados a los ritmos, para orientar nuestro vino, en primer lugar a evitar toda trasgresión que abonos químicos o aditivos de bodega producen de desnaturalización, y en segundo lugar, como una fórmula de búsqueda de una tipicidad esencial y propia que corresponde a su origen y no a la tecnología. .


Ciclos Lunares y sus efectos en la viña y el vino

En función de la posición de la Luna respecto al Sol, observamos la luz de la Luna (que en realidad es un reflejo de la luz solar). Este ritmo marca las fases lunares: Llena, MENGUANTE, Nueva y CRECIENTE. Estas fases determinadas por la rotación lunar y la posición del Sol, influyen en la velocidad de los procesos; así la Luna creciente implica procesos acelerados (por ejemplo movimiento de savia o fermentaciones más rápidas) mientras que Luna menguante propicia procesos pausados.

A su vez, puesto que la órbita de la Luna es inclinada respecto al ecuador celeste, la Luna en su desplazamiento hace un camino ASCENDENTE y DESCENDENTE. Así podemos observar como hay momentos en que la Luna describe un arco muy próximo al horizonte y día a día va siendo más alto, hasta llegar a un máximo, para a continuación ir describiendo arcos cada día más bajos. Este ritmo ascendente y descendente se vincula a los fluidos y los procesos biológicos de energía centrífuga suben o se activan en ascendente mientras que los de energía centrípeta bajan o se ralentizan en descendente. Las intervenciones de poda en la viña, a las que no queremos o debemos alterar su línea de energía; deben efectuarse en descendente. Los procesos de decantación en vinos se favorecen cuando los trasiegos se efectúan en descendente.

La órbita de la Luna alrededor de la Tierra (27,5 días aprox.), discurre frente a un anillo o segmento de cosmos que tiene como fondo grupos de estrellas llamadas constelaciones, en concreto las 12 Constelaciones del Zodiaco. Dependiendo de la anchura de la constelación la Luna cruza cada constelación en un intervalo de 1 a 4 días. El carácter de cada una de estas constelaciones corresponde a uno de los cuatro elementos que, desde la Grecia Antigua y especialmente Aristóteles, pusieron en valor: TIERRA, FUEGO, AGUA y AIRE. Su importancia radica en que enuncia una aproximación cualitativa del Universo. “Todo cuanto existe, es por la acción de estos elementos”, también en los aromas y sabores de uvas y vinos.



Las constelaciones de Capricornio, Tauro y Virgo están sujetas a procesos en el ámbito del elemento Tierra; que se vinculan a acciones constituyentes ejercidas por la raíz de la vid, favoreciendo el desarrollo de los caracteres minerales o térreos en aromas y sabores de las uvas y de los vinos.

Cáncer, Piscis y Escorpio corresponden al elemento Agua, propician a través de los órganos que se renuevan en la vid anualmente, procesos de movilidad, con repercusiones sobre el equilibrio y suavidad en aromas y sabores de uvas y vinos.

Aries, Leo y Sagitario, de Fuego, a través del órgano fruto y de su equilibrio, en la relación ácido/dulce; desarrollan el carácter frutal y propician aromas y sabores afrutados.

Mientras que Acuario, Géminis y Libra de Aire, por su acción en la flor de la vid, armonizan colores y aromas, favoreciendo el carácter ligero y sutil en ciertas uvas y sus vinos correspondientes.

A través de la observación del Calendario Cósmico reconocemos las fases lunares (creciente, menguante); el ritmo ascendente o descendente; y la ubicación de la Luna ante una constelación determinada y por tanto bajo la acción de uno de los elementos.

Podemos así elegir las fechas más favorables a imprimir en una parcela de viñedo o en un cuvee, una de las cuatro cualidades esenciales.

Los vinos hechos con el Calendario Cósmico los llamamos “Al Compás de la Luna”